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 Relato: Otto y Penélope. Báilame El Agua

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mcvan

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Fecha de inscripción : 05/09/2009

MensajeTema: Relato: Otto y Penélope. Báilame El Agua   Miér Sep 09, 2009 8:39 pm

Otto en los ojos de Penélope:

- No, he dicho que no.
- ¿No quieres?
- No.

Sí quería, pero él aún no lo sabía.

- Bueno, adiós.
- ¡No! ¡Espera!

Y un espera se convirtió en días y en demasiados. Demasiado poco y, a veces, demasiado. Cuando los adverbios juegan a entremezclarse entre las frases, justo en ese momento, es cuando ya se nos ha escapado de las manos. ¡Pequeños demonios alborotadores! Cuando aparecen, no hay forma de arrancarlos. Y para cuando lo pensaron: ya era tarde.

Era de esas personas, altas y robustas de mente, de las que protegen (o se protegen tras) una valla, más alta que larga, frente a ellos y simulan ser esos vigilantes de seguridad de cualquier importante discoteca que ciegos a razón de unas chulas gafas de sol, brillantes en la noche, no distinguen a un burro de una persona y no dejan bajo ningún concepto traspasar los obstáculos para conseguir nuestras metas. Aún así, miré entre los barrotes y decidí probar algo nuevo. Y probé: Quizá fue la noche, la suerte o la alineación de los planetas, la razón la desconozco, pero sonrió y se quitó el disfraz... y ahí estaba él.

Penélope en los ojos de Otto:


"Pero... ¿qué es esto? ¿De dónde ha salido?... ¿Por qué a mi?"

Radiante, radiante entró en mi. Casi no la vi venir, no me dio tiempo a cerrar puertas y ventanas y ya estaba dentro. Sonreí, sonreí como hacía años que no sabía, parecía un niño grande recordando cómo se montaba en bicicleta. No pude pararla: enérgica, rápida, viva, fulminante, efusiva, impactante... ¡Para! ¡No puedo soportarlo, no estoy acostumbrado! Desisto: la necesito. Y de esa manera extraña permití que la revolución fuera la protagonista de mi historia presente, equilibrando el miedo con la risa, avancé y con la fuerza que me transmitía me armé de valor para hablar con ella.

La sutileza dio paso a la curiosidad, y con ella de la mano, frase a frase, se fueron formando sus ojos, su nariz y su boca, su pelo y sus dedos sobre mí. La imaginé, inventé a aquel ser que había conseguido entrar en mi cerebro y sacar de allí los trastos que más escondidos se hallaban, llenos de polvo y otros óxidos. Y me volví a sentir joven y lleno de vida, de ganas de enseñar y de mostrar todas aquellas inquietudes que tímidamente camuflaba porque ella ya las había sobrepasado y me inundaba de nuevos retos. Crecí, crecía por momentos, aprendiendo a ver con ojos que ya no eran los míos.

Y se abrió la puerta a una nueva dimensión, a un todo completamente desconocido. Ellos lo llamaron energía, espacio entre átomos y física cuántica que cobraba vida. En la vida real lo llamamos amor.

Mirando a las nubes:


Aprendieron a cubrir lo inerte con una ligera y cálida capa de vida. Sí, vida. A creer en lo vulgar, a realzar la belleza de lo invisible al ojo humano, a esperar algo de cada objeto, de cada gesto. Ella, sentada en su pupitre de estudiante, aprendió la importancia de las cosas que estaban ahí, sin más y aprendió a sentir que lo más insignificante tenía su espacio, su lugar, su porqué. Ella, que siempre presumía de saber demasiado, de repente se convirtió en una pequeña niña, ignorante, que sólo aprendía y aprendía con una gran sonrisa en su rostro, se sintió volver a crecer expandiendo sus ideas, traspasando todos los límites, jugando a alcanzar nuevos horizontes insospechados. Él le rompía día a día todas esas barreras que nos creamos y nos crean y ella cada vez se hacía más y más grande.

- El agua está viva, el agua siente.
- Crees que está viva porque tiene movimiento y transmite esa sensación, porque cuando no está estancada se desplaza con brío por cualquier recoveco y si intentas retenerla en tus manos siempre escapa.
- No, no es por eso, pequeña.
- ¿Ah, no? ¿Entonces?
- El agua tiene vida, tiene energía: tiene vibración... el agua siente. Pero primero, tienes que sentir sus vibraciones para que ella comience a sentir las de su entorno.
- ¿Cómo voy a sentir las vibraciones del agua estancada?
- ¿Cómo? ¿No conoces los experimentos de Masaru Emoto?

Y ese día ella aprendió cómo el agua mostraba todo su esplendor ante la bondad del entorno y cómo rechistaba (en el idioma del agua) ante la crueldad del mundo. Aprendió a no reírse de un hombre que le escribía notas al agua que guardaba en tubitos de ensayo. Palabras como amor, belleza, sabiduría y palabras como odio, rencor, venganza.

Claro, si hablamos estamos transmitiendo ondas, y aunque el ser humano no sea capaz de percibir la carga de esas ondas, seguro que éstas son diferentes ya que asociamos sentimientos a cada sentimiento... asociamos sensaciones malas al dolor, al odio... y sensaciones buenas a todo lo positivo, y claro... quizá eso cambie la amplitud de la onda y estas ondas cambien el comportamiento del agua, que tras ser influenciadas por nuestras palabras al solidificarse se expresan de distintas formas, es todo físico, sólo son átomos

Ella se sintió expandirse con cada palabra que pronunciaba, toda esa teoría andaba dentro de ella pero nunca la había expresado, a nadie, jamás, ni siquiera era consciente de que existía tal idea en su mente, pero vino alguien y tiró de ese hilo mágico que nadie más había visto... y surgió.

Jajaja, cuánto ímpetu, cuánta ilusión y qué bonita concepción del mundo. Parece mentira que me entusiasme tanto leer unas ideas tan primarias en alguien tan joven cuando debería de ser básico en todo el mundo pensar así. Hace tiempo que no hablo de nadie con este tema, quizás nunca.

Y conforme ella levitaba gozando con su propia teoría, de repente, cayó, sin más.

- Es correcta esa teoría de las ondas, pero... el papel también tiene vibración.
- ¿El papel? ¿El papel por qué?
- Verás, tras ese primer experimento de "hablarle al agua", Masaru se dedicó a escribir las mismas palabras sobre papel y dejarlas junto a otras muestras de agua.
- Aham...
- Y sucedió lo mismo.
-¡Imposible!

Posible. Y así comenzó a agrietarse su cerebro y a dejar visualizar abismos hacia el vacío donde temía caer. Un extraño estaba reventando su mente, estaba dándole la vuelta a todo su mundo, estaba dándole otra forma de pensar completamente distinta y quizá ya era tarde para que ella aprendiese eso. Y comenzando por el agua, descubrió la física oculta, se adentró en la vida de los átomos y desechó mil ideas prefabricadas por incompetentes maestros de la materia. Y en la siguiente bifurcación, ella decidió torcer y no ir siempre por el mismo camino, decidió cambiar de destino y que su mente se agitara de mil formas hasta componer una nueva estructura. Como bien lo definía Piaget: asimilación y acomodación y cambiar de ropa a todos los esquemas.

Me siento como si empezara de nuevo a andar, aunque no lo recuerde porque era demasiado pequeña, pero siento cómo con esta segunda oportunidad puedo verme crecer, paso a paso... veo mis primeras palabras, mis primeros pasos y mis primeros traspiés.

No puedo soltarle aún la mano, se caerá, lo sé. No tengo más remedio... ¿cómo se lo digo? Confiaré en que ella sola sepa levantarse de esta, seguro que sí, seguro que le acompaña toda su fuerza y energía con la que me deslumbra cuando entro a verla justo al despertarme, al volver de trabajar, ¡es tan única! podemos pasar horas y horas y horas hablando y nunca la he visto apagarse. Es magnífica.

- Lo siento, mi niña, han surgido varios problemillas... y tengo que dejarte por un tiempo.

Primer mecanismo de defensa.

 Bueno, si tengo que esperar unos días, no pasa nada, aprovecharé para hacer....

- No. No te hablo de unos días, te hablo de varias semanas.

Segundo mecanismo de defensa.

- Seguro que no es para tanto, además creo que ahora sería ideal una paradita en el camino, tengo muchas cosas que pensar y que asimilar y por supuesto, tengo que recuperar mi vida porque desde que estás tú aquí sólo estoy contigo....

- Quizá te hablo de siempre.

Tercer mecanismo de defensa.

Lloró, lloró por miedo, por temor, por que sintió el duro suelo chocar contra su delicado rostro, por indecisión, por rabia, por soledad... por amor. Por todo. Por lo que fuese, ¿qué más da? Pero lloró.

Seguro que la he destrozado, lo noto en cada letra de sus palabras, nunca creí en los chats, ni en el poder de las grafías pero algo dentro de mi me dice que ha dejado de brillar... que se está apagando, no puedo dejarla sola: jamás

- Pequeña, volveré, lo prometo, nunca te dejaré sola... dame unas 3 semanas, como máximo...
- Te esperaré, ahora y siempre, jamás he sentido esto... no quiero que esto acabe, no ahora.
- Yo tampoco sentí esto nunca... volveré por tí, lo prometo.

Y se marchó, y ella se sentó en el banco a esperar el regalo de los dioses. Se plantó cual espantapájaros, solitario, inamovible, viendo pasar en unos días todo el calor de cada verano, congelándose de frío en cada escarcha y viendo cómo se evaporaban sus lágrimas diarias en las tardes de verano y cómo se congelaban en su rostro en las frías noches de invierno.

Buscó apoyo en la esperanza, esa gran aliada... ese gran arma de doble filo.

Y ella siempre lo esperó. Y volvió, volvió un poco antes de lo esperado. Ella no podía soportar tanto entusiasmo dentro, necesitaba saber explotar, y entonces él siguió hablando:

- Mi niña, tengo que preguntarte algo... ¿qué edad tienes?
- ¿Perdona? ¿Has vuelto para preguntarme la edad? Pero tú y yo nunca entramos en el ámbito personal, ¿por qué ahora? Era lo que más me gustaba de hablar contigo, nos respetábamos... eso nunca me ha pasado con nadie... ¿por qué íbamos a cambiarlo a estas alturas?

Ella no dejaba de hacerse miles de preguntas, quizás por los nervios, quizá por el miedo.

- Confía en mí. Dime tu edad.
- 23 años.

Y los segundos se clavaron en su piel, segundos eternos mientras él elaboraba una respuesta prudente.

- Cariño, con tu edad yo ya estaba casado. Hace más de 20 años que decidí darlo todo por amor y aunque cuando te conocí atravesábamos una grave crisis, he decidido seguir luchando, quizá por algo que no quiero, pero esa decisión ya estaba tomada. Te agradezco enormemente todo lo que me has dado, jamás olvidaré esa sonrisa y esa alegría comprendida en un ser tan bello como eres tú. Pero he de dejarte, y de luchar ahora que estoy levantando cabeza. Espero que sepas perdonarme. Tengo que marcharme...

- Pero...

Y su pero se ahogó en un vasito de agua. Y el se marchó... Pero esta vez ella no lloró, ni una sola lágrima...

Aún podéis ir a visitarla, sigo sentada en mi banco, quizás notéis mi mirada ausente, como esperando algo, o a alguien... no lo sé, no lo recuerdo bien: no quiero recordarlo. O sí quiero, pero una parte de mí me lo impide, no entiendo aún bien el porqué... pero algo me dice que no me puedo mover de aquí, que vendrá a visitarme ya que su nombre lo llevo grabado en cada resquicio de mi piel y sólo tengo ojos para ella: la llaman esperanza.


Última edición por mcvan el Vie Sep 11, 2009 8:59 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Relato: Otto y Penélope. Báilame El Agua   Jue Sep 10, 2009 10:23 pm

¡Que bonito! Me llenó de ganas de llorar al leerlo y me gusta mucho!!! I love you I love you I love you
¡Felicidades Bailame El Agua! bounce bounce bounce
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Sexsi

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MensajeTema: Re: Relato: Otto y Penélope. Báilame El Agua   Vie Sep 11, 2009 2:02 am

Precioso, si señor.

Este fue el relato que me sacó una lagrimita sniff.

Felicidades mi niña Smile , y que te den inmediatamente el premio que tu quieres! . O en su defecto, algún premio, no??
Pero quien organiza estos concursos dios mio es que no me lo puedo de creerrrrrr


Enhorabuena Exclamation
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MensajeTema: Re: Relato: Otto y Penélope. Báilame El Agua   

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